domingo, 30 de marzo de 2014

Sexo...

y Arte. Dos esferas que siempre han estado especialmente unidas a lo largo de la Historia, tanto en la temática de las obras como en las relaciones entre artistas, artistas y musas, ... más o menos tormentosas.
Tradicionalmente, La Edad Media parecía ajena a esta relación,y existía la idea de una época "oscura", dominada por el clero y malvados nobles que actuaban como déspotas. Bien es verdad que la literatura mostraba otra faceta, aquella unida al "amor cortés" entre el caballero y su dama (generalmente, esposa de otro caballero). Pero, como afirma Johan Huizinga en su clásico "El otoño de la Edad Media", el "amor cortés" y su plasmación literaria no eran más que una vía de escape para una forma de vida que se aleja en muchas ocasiones del ideal romántico que se ha transmitido posteriormente.
Pero el arte románico parecía estar ajeno a esta relación sexo-Arte o, siendo correctos, no era demasiada conocida esa relación (o era entendida de manera diferente a como la entendemos hoy en día).   Pero, afortunadamente, esta percepción de la Edad Media está empezando a cambiar o, al menos, a matizarse.
El arte románico, por lo tanto, está mostrando elementos hasta hace poco tiempo desconocidos para el gran público. Durante mucho tiempo se ha estudiado el arte románico como un arte oscuro, monolítico, en el que la luz tenía un papel secundario (al menos en la arquitectura). Y la escultura mostraba a Cristos serios, rígidos, que parecían castigar a los pecadores/as terrenales.  Parecía el reflejo de una sociedad de fuerte influencia eclesiástica.
 Pero el Románico es un arte complejo, y posee elementos que no han tenido presencia hasta hace unos años. Y uno de estos elementos, unido al tema de la mujer, es la iconografía erótica que aparece en capiteles de diversas iglesias españolas; casos como la parroquia cántabra de San Pedro de Cervatos o diversas iglesias segovianas (san Miguel de Fuentidueña o Pecharromán)  son un buen ejemplo.

Capitel erótico en la cabecera de San Pedro de Cervatos (s. XII)

Canecillos eróticos de San Pedro de Cervatos
En primer lugar, para abordar la imagen de la mujer en esta iconografía de tipo erótico, hay que tener muy en cuenta que la mujer, desde el punto de vista del clero,  era
considerada heredera de Eva; por tanto, arrastraba la carga de ser una pecadora por la que la humanidad sufría el trabajo, el dolor y la muerte. Esta imagen enraizaba con la tradición bíblica que consideraba a la mujer una criatura inferior, y que San Agustín, entre otros autores eclesíasticos,  reafirmó siglos después.
 En la Edad Media, los autores (normalmente clérigos, como Odón, abad de Cluny) incidieron en la idea de que la mujer era una pecadora e incitadora del pecado hacia el hombre, que caía en sus malas artes (incluidas las artes sexuales). Y, evidentemente, esta idea se transmitió a la plástica románica, y se muestra a la mujer como símbolo del pecado y la lujuria (p. ej. cuerpo desnudo). Otra imagen que va a desarrollarse mucho en la iconografía navarra es la de la mujer en el momento del parto; no podemos olvidar que según la Biblia, cuando Dios expulsó a Adán y Eva del Paraíso, castigó a la mujer a parir con dolor. Por lo tanto, esa imagen de mujeres dando a luz puede ser un recuerdo al castigo del dolor por sus pecados.
Pero, ¿qué razón había para ubicar iconografía erótica en las iglesias, junto a imágenes festivas y juglarescas? Bien, la historiografía ha encontrado varias razones. La primera puede ser que este tipo de imágenes, que siempre se encuentran fuera del recinto sagrado, puede hacer alusión al pecado, al vicio, a la imperfección del mundo terrenal, mientras en el interior de la iglesia residen Cristo, la Virgen o los santos. Ni que decir tiene, por lo tanto, que todo lo relacionado con el sexo se consideraba pecado, y sólo se admitía el acto sexual (y con muchas restricciones) para la procreación.  Es decir, el clero sería consciente y diseñador del programa iconográfico. En este caso habría que tener en cuenta, además, que el clero rural no tenía una alta cultura, y su moralidad sería más laxa, según la profesora Inés Ruiz Montejo. De este modo, los párrocos están cerca, culturalmente hablando, 
 Otra razón, mucho más sencilla, es que en muchas ocasiones estas imágenes se encuentran en espacios poco accesibles del templo, como capiteles de la cabecera o canecillos bajo los tejados. Así, el maestro de la obra pudo dejar libre su imaginación ya que los comitentes de la iglesia no prestarían atención a esas zonas. La profesora Inés Ruiz Montejo, por ejemplo, considera que en el románico rural los maestros mezclarían una cultura oficial impuesta con con una cultura popular cotidiana y conocida por todo el mundo.
 Quizá esta explicación se pueda entroncar, para algunos autores como Manuel Lagarón Comba, con una idea carnavalesca de la existencia. Como ya he comentado en una entrada anterior, el Carnaval suponía una transgresión social permitido por las autoridades como vía de escape para la protesta social a través del humor y la fiesta (http://mujerycoeducacion.blogspot.com.es/2014/02/los-pueblos-que-amaban-las-mujeres.html).
En cualquier caso, este tipo de iconografía debe de tenerse muy en cuenta a la hora de estudiar el arte románico pues reflejan perfectamente una sociedad medieval de contrastes en la que la religiosidad profunda convive perfectamente con una religiosidad popular mucho más relajada y cercana aún al paganismo pese a los intentos del clero por erradicarlo.

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Bibliografía

-   Gómez Gómez, A., El protagonismo de los otros. La imagen de los marginados en el Arte Románico, Bilbao, 1997
-  Lagarón Comba, M., “Imágenes eróticas en el Románico segoviano”, Historia 16, 311(2002),  pp. 80-91 
 Ruiz Montejo, I., “La temática obscena en la iconografía del Románico rural”, Goya, 1978, pp. 137-146

domingo, 23 de marzo de 2014

las reinas y el arte

Después de muchas entradas destinadas a la mujer y la Historia, en este texto me quiero centrar en la figura de la mujer vinculada al mundo del Arte, tantas veces olvidada, y que ya he tratado en alguna ocasión (http://mujerycoeducacion.blogspot.com.es/2014/01/sobre-pasteles-y-pinceles.html). En concreto, hay que destacar el papel de las reinas hispanas en la Edad Moderna como comitente y mecenas de artistas y de obras de arte.
 Porque, si bien es cierto que algunas reinas como Isabel la Católica o Isabel de Farnesio tuvieron una labor política más, en muchas ocasiones las reinas de la Monarquía Hispana eran muchachas casi adolescentes que llegaban al reino procedentes de otras monarquías europeas, y desconocedoras del idioma y costumbres del país. En esta situación, las jóvenes reinas llevaron a cabo labores de apoyo a la Iglesia a través de las donaciones a grandes conventos. También, sin ánimo de ser frívolo ni mucho menos, las reinas acumularon una importante colección de joyas, vestidos, libros,... y apoyaron la labor de pintores de Corte gracias al encargo de retratos.

Mariana de Austria (Claudio Coello, 1693)
 Quizá una de las primeras comitentes fue Isabel la Católica, que apoyó a artistas como Pedro Berruguete para que llevara a cabo pinturas, o a Nicolás Gómez para que iluminara libros devocionales. Por otra parte, su colección de libros, joyas, pinturas, etc. es digna de destacar.
En los comienzos del siglo XVI hay que destacar la labor de Margarita de Austria, esposa del infante Juan (hijo de los Reyes Católicos) y tía de Carlos I. Archiduquesa de Austria, la infanta Margarita financió la construcción de arquitectura religiosa, y atesoró una cantidad importante de joyas y objetos artísticos de diverso tipo.
En el siglo XVII, dentro de las dificultades económicas inherentes a la Monarquía Hispánica, las reinas Isabel de Borbón y Mariana de Austria (Felipe IV) y María Luisa de Orleans y Mariana de Neoburgo (Carlos II) mantuvieron el apoyo a pintores como Claudio Coello o el mismo Diego Velázquez.
Tampoco me quiero olvidar de dedicar unas líneas a la reina Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V y, por lo tanto, reina de España entre 1714 y 1746. Nacida en Parma en 1692 y fallecida en Aranjuez en 1766, esta mujer se caracterizó por su fuerte carácter (frente al cada vez más decaído y deprimido Felipe V) y por su habilidad política para conseguir que sus hijos alcanzaran diversos tronos europeos. De este modo, la política española durante su reinado se orientó especialmente hacia Italia y a recuperar los territorios perdidos en el Tratado de Utrecht (1714).

Isabel de Farnesio retratada por Louis Michel Van Loo

 Las desavenencias con sus hijastros (p. ej. el rey Fernando VI) e incluso con su hijo, el rey Carlos III, llevaron a Isabel de Farnesio a estar exiliada y retirada en los palacios de La Granja y Aranjuez, respectivamente; falleció en la localidad ribereña, y sus restos descansan hoy en día junto a los de su marido en el palacio de La Granja.
 En cuanto a su faceta de artista, Isabel de Farnesio, al igual que muchas reinas hispanas anteriores y posteriores, fue una importante comitente y coleccionista de arte (se cuenta que le encantaba la pintura de Murillo), pero también realizó algunas obras. No podemos dejar de mencionar que la reina recibió una esmerada educación, muy centrada en la cultura y el arte por influencias familiares.
 Su amor por el arte la hizo pintar algunas obras que, lamentablemente, en la actualidad se han perdido. Las crónicas hablan de que pintó ocho cabezas femeninas y doce cabezas de niños; una Virgen con Niño que se reprodujo en un tapiz, y otras obras.
 Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, fue probablemente la última reina que ejerció un mecenazgo artístico relevante durante siglo XVIII, como lo demuestra la construcción del convento de las Salesas Reales en Madrid. Las reinas María Amalia de Sajonia (Carlos III) y María Luisa de Parma tuvieron un papel menor en este sentido, y cerraron una época de activa participación de la mujer monarca en el ámbito hispano en la Edad Moderna.

Bibliografía

-       González García, J. L., “Imágenes empáticas y diálogos pintados: Arte y devoción en el reinado de Isabel la Católica”, en Checa Cremades, F., (ed.),  Isabel la Católica. La magnificencia de un reinado, catálogo de la exposición, Salamanca, 2004, pp. 99-114
-       Silva Maroto, P., “La colección de pinturas de Isabel la Católica”, en Checa Cremades, F., (ed.),  Isabel la Católica. La magnificencia de un reinado, catálogo de la exposición, Salamanca, 2004, pp. 115-12
Tovar Martín, V., El arte del Barroco: Arquitectura y escultura, Madrid, 1990
- Id., “Sobre el gusto artístico de las Reinas de España en el siglo XVII”, en VIII Jornadas de Arte “La mujer en el Arte español, pp. 187-202
-   Urrea Fernández, J., La pintura italiana del siglo XVIII en España, Valladolid, 1977

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lunes, 10 de marzo de 2014

Los ojos femeninos de la Guerra Civil

Como bien recordáis, queridos lectores/as, la semana pasada dediqué una entrada a hablar de la mujer trabajador y los orígenes de su día conmemorativo, y en concreto ponía el caso de las cocineras ( http://mujerycoeducacion.blogspot.com.es/2014/03/con-las-manos-en-la-masa.html ). 
Esta semana, siguiendo un poco esta línea, quiero hablaros de un descubrimiento reciente. Se trata de Gerda Taro, una fotoperiodista alemana que tuvo gran relevancia en la Guerra Civil española.
Esta fotógrafa es considerada la primera fotoperiodista fallecida mientras cubría una guerra. Sus fotos delatan sus ideales y una nueva actitud ante la guerra, son fotos más humanas y cercanas, desprovistas de ese halo de heroísmo romántico o de gravedad que imperaban en otro tiempo. Poco a poco,  el fotoperiodismo se acerca al frente, ve el sufrimiento y capta tanto escenas terribles como otras tiernas y llenas de camaradería. Esta nueva actitud, consecuencia de las experiencias de la Primera Guerra Mundial, es posible también gracias a las nuevas cámaras de 35 mm, más ágiles, ligeras y fáciles de manejar.   
 Gerda Taro, cuyo nombre original era Gerta Pohorrylle, nació el 1 de agosto de 1910 en Stuttgart en els seno de una familia judía proveniente de la región de Galitzia (Polonia).
  Su infancia y adolescencia se desarrolló en un ambiente burgués típico (aunque Gerda Taro participó activamente en política en entornos comunistas y de izquierdas, e incluso llegó a estar detenida),  hasta que se trasladó con su familia a Leipzig a comienzos de los años 30. La subida de Hitler al poder en 1933 supuso el comienzo de las represalias contra los judíos.En este ambiente,  Gerda, decidió dejar Alemania y exiliarse a París.

Retrato de Gerda Taro

Entrenamiento de una miliciana republicana (1936)
En la capital francesa tuvo su primer contacto con la fotografía a nivel profesional:  Colaboró como fotógrafa para la Agencia Alliance Photo de María Eisner y conoció a un joven húngaro, Endre Friedmann, también exiliado que había trabajado para la agencia fotográfica alemana Dephot, pero que en ese momento, en París, lograba sobrevivir a duras penas. Gerda decidió crearle una nueva personalidad, de modo que inventó al fotógrafo Robert Capa (muy famoso en EEUU, supuestamente) y se convirtió en su agente, además de ser su pareja . La estrategia funcionó y las fotografías de Capa se vendieron a precios muy altos.
 En 1936 estalla la Guerra Civil española. Gerda Taro acaba de cumplir 26 años cuando atravesó la frontera para cubrir la guerra (5 de agosto de 1936). Llevaba una Rolleiflex y su compañero Capa una Leica; su estilo era parecido y las fotografías aparecieron con la marca “Capa”, más tarde “Capa&Taro” y después “Photo Taro”.
  Taro y Capa Recorrieron varios puntos de la geografía española. Por ejemplo, estuvieron en el cerro Muriano (Córdoba), donde Capa realizó la famosa fotografía del miliciano abatido.  

Muerte de un miliciano, de Robert Capa (1936)
Mientras tanto, Gerda  había conocido a Ted Allan, comisario político, cuyas influencias le permitieron estar en los primeros momentos de la toma de Brunete por los republicanos (1937). Tras aparecer sus primeras fotos de la guerra publicadas (El 22 de julio de 1937 aparecían publicadas unas fotografías de la toma de Brunete por el Ejército republicano en las páginas de la revista francesa ilustrada Regards), que recibieron un reconocimiento importante, la fotógrafa se entera de que la batalla no había hecho nada más que empezar. Así, vuelve al frente y, desobedeciendo las órdenes del general Walter, prosigue haciendo fotos en primera línea. La retirada hacia Villanueva de la Cañada se hace penosa, después de haber sufrido los ataques aéreos y ver tanta gente muerta y herida. El general Walter recoge a Gerda y a Ted Allan en su coche, pero antes de llegar a Valdemorillo nuevos aviones aparecen en el cielo. El desorden y el caos estallan entre la tropa y en un movimiento brusco Gerda Taro cae al suelo y es atropellada por un tanque.
 La agonía en el hospital de El Escorial adonde fue trasladada debió de ser terrible y, finalmente, murió en la madrugada del 26 de julio de 1937.
 Gerda Taro fue una pionera en el mundo del fotoperiodismo y del periodismo de guerra, y sus fotografías se pueden considerar obras de arte a mostrar en las aulas. 

martes, 4 de marzo de 2014

Con las manos en la masa

Como bien sabéis, el próximo sábado se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Esta celebración viene teniendo lugar desde 1911, ya que en 1910 se celebró en Copenhague la II Internacional de Mujeres Socialistas y, entre otros temas, se decidió proclamar ese día a modo de reivindicación. Además, ese mismo año de 1911 (el 25 de marzo concretamente) se produjo el trágico incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York. En este incendio murieron 146 mujeres y 71 resultaron heridas, y supuso un revulsivo para que el Gobierno de los EEUU modificara la legislación laboral vigente. De este modo, el Día de la Mujer Trabajadora se identifica con la lucha de los derechos laborales femeninos.
 Lamentablemente, hoy en muchos lugares del mundo donde las condiciones laborales de la mujer dejan muchísimo que desear, y aquí en España aún existe una desigualdad palpable en cuestión de salarios, condiciones de trabajo (p.j. dificultad para conciliar vida laboral y familiar).
 Pero la idea de esta entrada pretendo que sea más positiva. Nosotros, como docentes, debemos llevar a cabo una actitud coeducativa en el aula. Y eso pasa, entre otras cosas, por educar en la igualdad y defender la igualdad de profesiones para hombres y mujeres. Esta idea es especialmente sensible con el alumnado de Secundaria, donde se empieza a definir un poco el horizonte laboral. La visibilización de modelos femeninos en todo tipo de profesiones es una ayuda para que las alumnas, especialmente, se decidan a estudiar en ramas laborales tradicionalmente asignadas a los varones.
 La cuestión es que hace unas semanas una buena amiga me hacía referencia a que, en un país donde a la mujer se le ha asociado tradicionalmente labores domésticas, no existen demasiadas mujeres cocineras consideradas a nivel internacional, o al menos no son conocidos sus logros en demasía; es más ( y esto es una apreciación mía), da la sensación que la comida tradicional, la de nuestras madres y abuelas, en cierto modo está arrinconada por nuevas tendencias culinarias en las que la experimentación tiene un gran papel. Por lo tanto, en este sentido, nombres como Ferrán Adriá, Sergi Arola o Juan María Arzak (sólo por citar algún ejemplo) son conocidos por todos.
 Pero es de justicia en esta entrada citar a cocineras que también han alcanzado gran notoriedad en nuestro país, como son los casos de:
- Carme Ruscalleda, cocinera con más estrellas Michelín de España
 - Eva Arguiñano, especialista en postres, ha llegado a presentar espacios en televisión, al igual que su hermano Karlos Arguiñano 
- Elena Arzak, hija del también cocinero Juan María Arzak, dirige junto a su padre el negocio familiar  
- Toñi Vicente, quien recibió una tradición culinaria familiar, fue la primera cocinera gallega en recibir una estrella Michelín  
- Carmen Vélez, centrada en la cocina levantina 
- Susi Díaz, participó en programas televisivos de cocina como jurado y es una gran divulgadora de la cocina y habítos alimentarios en radio, TV, charlas en colegios, etc.
- Beatriz Sotelo, cocina gallega 
- Aizpea Oihaneder, cocina vasca innovadora
- María José San Román, propietaria de varios negocios
- Celia Jiménez, primera cocinera andaluza en conseguir una estrella Michelín

Tampoco podemos olvidarnos de Simone Ortega y su libro "1080 recetas de cocina" que acercaron la cocina tradicional a millones de hogares, y especialmente a millones de hombres. Por último, pero no menos importantes, son todas esas cocineras anónimas que trabajan en restaurantes, bares, hamburgueserías, pizzeríasx, etc. Y, aunque su labor no está pagada, todas esas amas de casa que dedican su cariño a la cocina.
 En definitiva, es de justicia reconocer la labor de las cocineras profesionales y difundir su trabajo para que sean un modelo a seguir por el futuro alumnado interesado. 

Bon appetit!!




Bibliografía

- Varela, N., Feminismo para principiantes, Barcelona, 2008

Webgrafía:

domingo, 23 de febrero de 2014

El primer feminismo en España

Esta semana quiero centrar mi entrada en los orígenes del feminismo español, entendido como un movimiento de mujeres que reclamaron mayor visibilidad política en un ambiente de cambio como era la España de 1808.
 En este entorno, como decimos, se agruparon mujeres en las llamadas Juntas de Damas (como la de Cádiz), o la Sociedad Patriótica de Damas. Estos movimientos, que buscaban el activismo político femenino, son un reflejo relativamente tardío del movimiento femenino que se había desarrollado en otros países europeos, como Inglaterra (Mary Wollstonecraft y su "Vindicación de los derechos de la mujer", 1790) y Francia (Olimpia de Gouges, "Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana", 1791).
 La prensa y las tertulias literarias-políticas van a ser la principal plataforma que las mujeres van a encontrar para difundir su voz. Incluso van a aparecer periódicos destinados al público femenino, como los gaditanos "El Correo de las Damas" (1804-1807) y "El Amigo de las Damas" (1813). 
Más allá de las tertulias y la prensa femenina, las mujeres tuvieron muchos problemas para hacerse ver a nivel político en los albores del liberalismo en España. Lejos de la idea de "sufragio universal" y "soberanía nacional" que la historiografía tradicional ha defendido, en las Cortes de Cádiz no se reconoció la ciudadanía de las mujeres, los habitantes de las colonias ni las personas de raza negra. De este modo, no podían votar, y la idea de "sufragio universal" queda un poco desdibujada. Es más, en el caso de las mujeres, los Reglamentos que organizaban el funcionamiento de las Cortes de Cádiz prohibía el acceso a las mujeres (aunque ellas se las ingeniaron para poder entrar).
 Dentro de este incipiente feminismo español vamos a destacar dos figuras, Frasquita Larrea y Margarita López de Morla. No fueron las únicas mujeres de notoriedad pública, ya que en este momento de auge de la prensa escrita destacaron muchas periodistas (p. ej. María del Carmen Silva) o traductoras (María Magdalena Fernández de Córdoba y Ponce de León), por ejemplo. 
 Francisca Javiera Ruiz de Larrea y Aherán, más conocida por Frasquita Larrea, nació en Cádiz en 1775 y murió en el Puerto de Santa María en 1838. Nacida en el seno de una familia de comerciantes, la itinerancia del oficio la llevó a residir en Francia e Inglaterra. Aquí conoció el ambiente cultural feminista que empezaba a desarrollarse gracias a personalidades como Mary Wollstonecraft y su "Vindicación por la Igualdad de las Mujeres". Escritora de epístolas y obras políticas, Frasquita Larrea, a imitación de otras intelectuales europeas, promovió a comienzos del siglo XIX tertulias literarias y políticas, donde pudo se posicionó en apoyo de Fernando VII.





Margarita López de Morla y Virués, por el contrario, mostró una ideología más liberal que Frasquita Larrea,  y también fomentó las tertulias literarias donde se hablaba de política. En este caso, López de Morla estuvo influida por la corriente romántica inglesa de Lord Byron.

Retrato de Margarita López Morla


 La Primera Guerra Carlista y los progresivos cambios sociales provocaron que las tertulias políticas femeninas entraran en decadencia y perdieran la relevancia que tuvieron a principios de siglo. Aún así, este movimiento femenino puso una semilla que a lo largo de los siglos XIX y XX va a favorecer a la aparición de nuevas generaciones que reclamaban derechos para las mujeres.

Bibliografía

- Cantos Casenave, Marieta, "El discurso de Frasquita Larrea y la politización del Romanticismo", Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, 10(2002), pp. 3-13
Cantos Casenave, Marieta y Sánchez Hita, Beatriz, “Escritoras y periodistas ante la Constitución de 1812 (1808-1823)”, Historia Constitucional, 10(2009), pp. 137-179. Recurso electrónico: http://www.historiaconstitucional.com
- Varela, Nuria, "Feminismo para principiantes", Barcelona, 2008

domingo, 16 de febrero de 2014

La mujer romana y las letras

Una visita esta mañana a la exposición que sobre la Villa de los Papiros puede verse en el centro cultural del Matadero de Madrid hasta mediados de abril me ha hecho reflexionar sobre el papel de la mujer romana en lo que a la cultura se refiere.
La Villa de los Papiros fue una villa situada en la antigua ciudad romana de Herculano. Esta residencia era propiedad de Lucio Calpurnio Pisón, alto dignatario romano. Esta villa tiene la singularidad de que su biblioteca es la única de toda la Antigüedad Clásica que se ha conservado hasta nuestros días. 
 Herculano, al igual que la vecina Pompeya, quedó sepultada por las cenizas tras la erupción del Vesubio el año 79 d. C. A mediados del siglo XVIII, gracias a la iniciativa del rey Carlos III de España, (que anteriormente había sido rey de Nápoles) se comenzaron a recuperar los restos de estas ciudades. En el caso de la Villa de los Papiros, un minucioso trabajo arqueológico permitió recuperar los papiros, que se encontraban carbonizados.
En cuanto al tema de la cultura que nos ocupa, la iconografía pompeyana nos ha dejado algunos ejemplos (p. ej. retrato de Terencio Neo y su esposa) en los que aparecen mujeres con objetos de escritura como las tablillas y los cálamos. Por lo tanto, no parece inusual que la mujer se dedicara a la escritura, o que al menos supiera leer y escribir. En este sentido, en los últimos años las investigaciones parece que poco a poco están sacando a la luz a mujeres que se dedicaron a la escritura (puede que en ocasiones hablar de literatura sea exagerado) o que, al menos, dejaron algún tipo de testimonio escrito. De este modo, a través de autores como Plinio el Joven podemos saber de mujeres que se dedicaron a la escritura o, al menos, que tenían acceso a ella.  Lamentablemente, en la mayoría de los casos se desconocen obras directas, ya que Plinio hace referencias en sus obras. 

Retrato de Terencio Neo y su esposa (Pompeya, s. I d. C.)

Probablemente, la mujer romana (la mujer libre, no esclava, se entiende) tuvo más libertad de la que podamos pensar en la actualidad. Entre otros detalles, las mujeres romanas tenían libertad para solicitar el divorcio, y podían disponer de sus bienes con cierta autonomía (aunque para algunos autores el control de los bienes se enmarca más en una estrategia de protección de los bienes familiares de dicha mujer). Esta libertad poco a poco fue mermando a partir del s. IV d. C., cuando el Cristianismo empieza a ejercer mayor influencia en la sociedad romana bajoimperial.
Una mayor autonomía femenina se tradujo, por ejemplo, en el caso de las mujeres patricias, en que recibieron una educación adecuada a su posición social. Aprendieron a leer y escribir tanto en latín, su lengua materna, como en griego, y tenían por lo tanto acceso a la literatura de la época. Probablemente aprender a leer y escribir formaría parte de lo que se consideraba que una romana de de buena familia debía conocer, aunque no estuviera proyectada hacia la carrera política o militar como los varones.
 En cuanto a los estilos literarios, los estudios apuntan a que la mujer se orientó hacia las elegías, las epístolas (por ejemplo las cartas que escribió Calpurnia a su esposo Plinio el Joven), discursos (Carfania), memorias (Agripina la Menor) y poemas (Memia Timotoe, Cornificia, Hostia, Perila). También hay referencias de mujeres que redactaron otro tipo de textos, como pudieron ser los testamentos (p. ej. Verania Gémina, esposa de Lucio Calpurnio Pisón, el citado dueño de la Villa de los Papiros).
 Como se ha podido comprobar, poco a poco van apareciendo referencias de mujeres romanas vinculadas con la escritura. Bien es cierto que en la mayoría de los casos sus obras se han perdido y sólo se conocen referencias indirectas; pero al menos se puede mostrar su nombre como ejemplo de que en la cultura romana no sólo los hombres se dedicaron a la escritura.

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Fresco pompeyano que muestra a una mujer con tablilla y punzón, lista para escribir (s. I d. C.)

Exposición "La Villa de los Papiros"

http://casalector.fundaciongsr.com/741/La-Villa-de-los-Papiros


Bibliografía

-      Coma Fort, J. Mª, “Violencia y sumisión de la mujer en las fuentes jurídicas romanas”, en Fuente, Mª J. y Morán, R., (eds.), Raíces profundas. La violencia contra las mujeres (Antigüedad y Edad Media), Madrid, 2011, pp. 93-123
-  Hobënreich, E., "Andróginas y monstruos. Mujeres que hablan en la antigua Roma", Veleia, 22(2005), pp. 173-182
-   Puig Rodríguez-Escalona, M., “Escritoras romanas en Plinio el Joven”, Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos, 13(1997), pp. 73-82

domingo, 9 de febrero de 2014

El pueblo que amaba a las mujeres

Hace algunas semanas una buena amiga, en relación al tema de las mujeres medievales como gobernantes, ya visto en este blog (http://mujerycoeducacion.blogspot.com.es/2014/01/las-chicas-son-guerreras.html), hacía referencia a la tradición que desde hace mucho tiempo se viene desarrollando en el pueblo segoviano de Zamarrala.
 Efectivamente, en este pueblo cercano a Segovia, desde hace siglos se viene practicando una curiosa tradición desde tiempos medievales, y que coincide con el día de Santa Águeda, el 5 de febrero. Como agradecimiento a una victoria contra los musulmanes en 1227 (que supuso la reconquista del Alcázar de Segovia, según la tradición),  el concejo del pueblo estableció que durante dos días las mujeres tomarían el mando del municipio. 
 La fiesta, que se celebra en pueblos de distintas comunidades (Baleares, Andalucía, Castilla-León, Castilla-La Mancha,...) se suele celebrar el día 5 de febrero, día de Santa Águeda. Esta santa fue martirizada con la extirpación de los pechos por los romanos por ser cristiana en el año 252 d. C. Quizá sea una mera casualidad, pero es reseñable que el Día Internacional contra el Cáncer sea el 4 de febrero.
Martirio de Santa Águeda (Sebastiano del Piombo, 1520)
La fiesta de las Águedas y la transgresión social momentánea que supone, me recuerda al fenómeno que suponían las fiestas de los Carnavales en época medieval y sobre todo desde el siglo XVI en adelante. Más allá del carácter lúdico que indudablemente tiene, el Carnaval es lo que historiador Peter Burke llamó "una válvula de escape". Para este autor, la crítica y la burla de las autoridades eran parte de los festejos, permitido por las élites para que las clases populares liberaran de algún modo su malestar ante los desajustes de un sistema de jerarquías sociales; esto era así porque las élites consideraban que, pasados unos días de desenfreno, todo volvería a la normalidad (como así ocurría).
 En este sentido, y volviendo a las Águedas, considero que esta fiesta no fue instaurada con ese fin, sino con agradecimiento a la labor de la mujer en un momento determinado (al menos en Zamarramala). Pero no deja de ser curioso que, en unas sociedades en las que la mujer tenía un rol considerado inferior al del hombre, durante un día estos papeles se subvirtieran. 
Quizá este tipo de fiestas enraizan con las antiguas Matronalias romanas que se celebraban a comienzos del año y celebraban antiguos ritos de fertiliidad.  Curiosamente, en este tipo de celebraciones, de marcado carácter religioso, los hombres tenían que dedicar oraciones a las mujeres, por ejemplo. A la vez, los esclavos eran liberados esos días de sus obligaciones y las mujeres les preparaban la comida (otra vez el cambio de papeles...)
 Y es que, en muchas ocasiones, hay que cambiar algo para que nadie cambie...

Os enlazo esta canción de Joan Manuel Serrat que refleja muy bien esta idea de la fiesta como alteración del orden social. Disfrutadla!!


¿Qué os ha parecido la entrada? Espero vuestros comentarios, un saludo!!

Webgrafía

http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.php?id=2237 Esta web recoge algunos ejemplos característicos de cómo se celebraba la fiesta de las Águedas en la actual provincia de Salamanca en el siglo XVIII

viernes, 31 de enero de 2014

La monja alférez

Hace unos días escribí una entrada en la que hablaba del papel que las mujeres pudieron tener en la Edad Media en su aspecto bélico (http://mujerycoeducacion.blogspot.com.es/2014/01/las-chicas-son-guerreras.html). Y cuando estaba escribiendo esa entrada siempre tenía en mente a nuestra protagonista de hoy, Catalina de Erauso, y pensé que este curioso personaje merecía unas líneas en mi blog. Y es que esta mujer, conocida popularmente como "la monja-alférez", fue uno de esos personajes pintorescos y a la vez desconocidos, que bien hubiera merecido ser la protagonista de una novela del Siglo de Oro.
 Nacida en San Sebastián de familia hidalga en 1585, Erauso fue internada en un convento de la ciudad a los 4 años. Tenemos que pensar que en la Edad Moderna, como en otras épocas, el destino de la mujer era casarse o ingresar en una institución religiosa; y es que en una familia en la que lo normal es que fueran varios los vástagos, el costear una boda (y la dote consiguiente) a todas las hijas podía salir bastante caro.
La cuestión es que según fue creciendo Catalina de Erauso descubrió que la vida contemplativa no era lo que ella quería, y a los quince años escapó del convento una fría noche de invierno, y se vistió y cortó el pelo como un hombre para que fuera más difícil encontrarla.
 Desde este momento, su vida se convirtió en un continuo viaje de ciudad en ciudad (Vitoria, Valladolid, Zarauz, San Sebastián, Bilbao, Sevilla, etc.), donde tuvo diversas aventuras trabajando para personajes relevantes de cada lugar, y cambiando constantemente de nombre para evitar que ningún familiar la reconociera (familiares que, si nos atenemos a su autobiografía, se encontraba a menudo en sus andanzas). En estos viajes empezó a tener problemas con la justicia, y pasó en la cárcel alguna temporada por altercados callejeros.
De Sevilla se embarcó hacia América, donde se estableció en Cartagena de Indias y pudo abrir su propio comercio. Pero, según se ve en su biografía, Catalina de Erauso tenía un fuerte temperamento y tuvo continuas riñas y problemas con el corregidor, y pasó temporadas encarcelada, y escapando.
 Un momento muy relevante en su vida fue cuando adquirió el nombre de Alonso Díaz y Ramírez de Guzmán, y se enroló en el ejército. Participó en diversas campañas militares y alcanzó el rango de Alférez, pero las crónicas cuentan que debido a su crueldad no alcanzó rangos más elevados.
Tras su estancia americana, Erauso regresó a España donde incluso llegó a conocer en audiencia a Felipe IV; y posteriormente cumplió uno de sus mayores anhelos al poder viajar a Roma y conocer en persona al Papa Urbano VIII.
Los últimos años de su vida Catalina de Erauso los pasó en América, en la región de Veracruz, trabajando como transportista, y donde falleció en 1650.
 En definitiva, como se ha podido comprobar, Catalina de Erauso pudo llevar a cabo una vida completamente diferente al rol que se atribuía a las mujeres de su época, aunque para ello tuvo que hacerse pasar por un hombre durante mucho tiempo. Sin embargo, es relevante señalar que durante su primera estancia americana se descubrió que era una mujer y, aún así, mantuvo su rango militar por deseo de Felipe IV. Además sus aventuras circularon por toda Europa, lo que aumentó el interés de Urbano VIII por conocerla.
Retrato de Catalina de Erauso atribuido a Juan van der Hamen (s. XVII)
Me gustaría añadir un romance castellano del grupo Nuevo Mester de Juglaría que no recordaba y que ejemplifica de manera simpática la vida de una mujer que se hizo pasar por hombre. Espero que os guste!!





Bibliografía

- Erauso, Catalina de, Historia de la monja alférez, 1894. Recurso electrónico: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01305042011682948755802/index.htm

- Márquez de la Plata, Mª V., Mujeres de acción en el Siglo de Oro, Madrid, 2005

sábado, 25 de enero de 2014

La primera almirante española

Tradicionalmente, y como en tantos otros ámbitos, el tema de la exploración de nuevas tierras parece que siempre ha estado destinado para los hombres, y las mujeres quedaban en un segundo plano, esperando a que volvieran repletos de tesoros y hazañas que contar... si llegaban a regresar.
 Como caso concreto, voy a relataros la historia de Isabel Barreto, una mujer que "hizo las Américas" en el siglo XVI, y que está considerada hasta el momento como la primera y  única mujer almirante de la Historia de España.
 Isabel Barreto, según los estudiosos, nació en Pontevedra hacia 1567. Hija de una rancia familia hidalga gallega, parece que su formación fue la propia de una mujer renacentista: Aprendió a leer y escribir, y profundizó en el estudio del Latín. Probablemente su padre, que fue gobernador de las Indias portuguesas, poseyó libros de Cosmografía y Geografía que influyeron en el carácter aventurero de la joven Isabel.
Hacia 1585 los textos la sitúan en Lima como dama de la corte de Teresa de Castro, la esposa del virrey García Hurtado de Mendoza. Allí conoció al marino Álvaro de Mendaña, quien descubrió las islas Salomón en 1567, y buscaba financiación para nuevas expediciones al lugar para evangelizar a los indígenas, y explotar sus riquezas. Así, en 1586, Álvaro de Mendaña e Isabel de Barreto contrajeron matrimonio; algunos autores plantean la idea de que el enlace fue buscado por el explorador para obtener dinero de cara a nuevas expediciones.
Retrato de Álvaro de Mendaña (s. XVII)
Sea como fuere, en 1595 partió una segunda expedición a las islas Salomón,  y de este modo Isabel Barreto, que organizó el viaje, veía cumplidas sus ansias de ver mundo y tener aventuras. Junto a ella, un grupo de mujeres se embarcó junto a los marineros. En el transcurso de esta travesía la expedición descubrió las islas Marquesas de Mendoza (en honor de Diego Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete y virrey de Nueva Castilla) y las islas de Santa Cruz. A la vez, se encontraron con belicosos indígenas, escorbuto, malaria... y nada de oro o perlas soñadas, lo que cada vez enfurecía más a las tripulaciones de los barcos, que querían volver a Lima o encontrar las Salomón.Huelga decir que nunca llegaron a esas islas...
 El mismo año de 1595 Isabel Barreto fue nombrada por su marido gobernadora de las islas descubiertas, dada la grave enfermedad de aquél. Recordemos que Álvaro de Mendaña era Adelantado del rey, es decir, era un gobernador de territorios fronterizos (cargo creado en el siglo XIII por Alfonso X el Sabio).
Ese mismo año, a la muerte de su hermano Lorenzo Barreto, Isabel hereda el cargo de almirante o capitán general de la flota.
La vuelta a Perú, previo paso por las Filipinas, fue complicada pues Isabel era acusada por el capitán de uno de los navíos, Pedro Fernández de Quirós de, por ejemplo, guardar agua con el que lavaba sus vestidos mientras la tripulación moría de sed. No podemos saber la realidad de tales afirmaciones (la relación entre ambos, según los textos, fue bastante conflictiva durante todo el viaje), pero las crónicas hablan de numerosos conflictos entre Isabel Barreto y las tripulaciones del resto de barcos (cuatro en total) por las órdenes erráticas y la falta de previsión en las decisiones que tomaba como almirante.
Una vez en Filipinas, las crónicas de la época cuentan que Isabel Barreto se casó con Fernando Castro, hermano del gobernador de aquellas islas, y regresaron a España. Lo último que se sabe de la almirante es que pleiteó sin mucho éxito contra Quirós para sacar rédito de posibles expediciones futuras en las nuevas islas descubiertas por ella y su marido, considerando que eran de su propiedad.

Esta entrada se puede completar,de manera gráfica, con la exposición sobre exploraciones en el Pacífico que actualmente está abierta al público en la Casa de América de Madrid, y que hasta el día 2 de febrero tenemos oportunidad de disfrutar.



Datos de la exposición

http://www.casamerica.es/exposiciones/la-exploracion-del-pacifico-500-anos-de-historia

Literatura:
- Lapierre, Alexandra, Serás reina del mundo, Barcelona, 2013


Bibliografía:
- Bosch Barrett, M.,  Doña Isabel Barreto. Adelantada de las islas Salomón, Barcelona, 1943
- Elías de Zevallos, H., El entorno de Isabel Barreto Castro de Mendaña y su viaje hacia las islas Salomón, Lima, 1995
- Landín Carrasco, A., Islario español del Pacífico: Identificación de los descubrimientos en el Mar del Sur, Madrid, 1984
- Márquez de la Plata, V. Mª, Mujeres de acción en el Siglo de Oro, Madrid, 2006
- VV. AA., "La odisea de Isabel Barreto, Adelantada de las Islas Salomón y Almirante de la flota de Su Majestad Felipe II. Recurso electrónico:  http://blogs.ua.es/eltiempodelosmodernos/files/2009/02/la-odisea-de-isabel-de-barreto.pdf. Visto el 24 de enero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

Las chicas son guerreras

Tradicionalmente, la Edad Media ha sido uno de los temas que más han llamado la atención a la gente aficionada a la Historia, y al alumnado que estudia esta disciplina. Sin entrar aquí en el tan manido tópico de "época oscura", siempre han llamado la atención las aldeas campesinas, los caballeros y los dragones, los castillos y los reyes y las princesas...
 ¿Princesas? Sí, bueno, es evidente que las reinas y las princesas tuvieron un rol importante a lo largo de la Edad Media (ver la entrada "la princesa que vino del Norte"). Pero para tener una visión completa de la mujer a lo largo de la Edad Media también hay que tener en cuenta que cultivaron la tierra, trabajaron en talleres (e incluso fueron propietarias en algunos casos), y llegaron a gobernar monasterios, entre otras cosas.
 Quizá sea interesante citar una leyenda abulense que refleja bien todo esto que estoy contando. Es cierto que las leyendas hay que tomarlas con cuidado porque no dejan de ser producto de la imaginación, pero creo que son otro instrumento más para ilustrar la Historia y, ¿por qué no?, conseguir atraer a todo tipo de público a esta preciosa disciplina.
 La leyenda que voy a relatar se ambienta en la Ávila del s. XII. Tras la conquista de Toledo en 1085, las gentes musulmanas situaron su radio de acción más allá del Tajo; pero no era nada extraño que sus ejércitos lanzaran algún ataque a poblaciones cristianas. Y en uno de estos ataques, los musulmanes pensaron que Ávila, con sus caballeros extramuros defendiendo la villa, sería fácil de tomar. Pero he aquí que Jimena Blázquez, esposa del alcalde, organizó la resistencia de la ciudad. ¿Cómo? Encendiendo antorchas a lo largo de la muralla para hacerla visible de noche, y vistiendo a las mujeres abulenses con ropajes guerreros y armamento, con el objetivo de hacer ruido y ahuyentar a las huestes musulmanas.
 Y así ocurrió, ya que las gentes de Mahoma pensaron que los los hombres abulenses defendían la ciudad, no atacaron y dieron media vuelta a territorios más seguros. Como premio al arrojo de las mujeres, la leyenda cuenta que desde entonces las mujeres tenían voz en las reuniones del concejo
¿Qué conseguimos con esta leyenda? Por un lado, atraer la atención del espectador/a; por otro, el relato permite mostrar la idea de que la mujer, en la sociedad medieval, tenía atribuciones fuera del hogar, especialmente cuando el hombre no podía atender sus obligaciones, por el motivo que fuese (generalmente por viajes largos, o en caso de fallecimiento).
En este caso, el papel de la mujer como guerrera, o al menos como jefa militar, cuando enviudaba (documentado está su papel como tenente o dueña de fortalezas, por ejemplo) , nos abre nuevas perspectivas de entendimiento del rol de la mujer en la Edad Media.
Escultura de Jimena Blázquez con las llaves de la ciudad de Ávila



Bibliografía:
- Nash, M., Las mujeres y las guerras: El papel de las mujeres en las guerras de la Edad Antigua a la Edad Contemporánea, Barcelona, 2003
Rivera Garretas, M., “Las infanzonas en Aragón durante la época de Jaime II. Aproximación a su estudio”, en Segura Graíño, C. y Muñoz Fernández, Á. (coords.), El trabajo de las mujeres en la Edad Media hispana, Madrid, 1988, pp. 43-48. Recurso electrónico: http://www.derechoaragones.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=600710
- Ubieto Arteta, A., “Aportación al estudio de la “tenencia” medieval: La mujer-“tenente”, Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, X(1975), pp. 47-61

Webgrafía:
http://muralladeavila.com/es/leyendas/jimena-blazquez-una-mujer-de-bandera